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Los padres que tienen un hijo o hija en esta etapa de la vida, tienen claro en qué momento están. La crianza de los adolescentes es muy difícil y, sin embargo, la mayoría de los padres no están preparados para la vorágine que está a punto de entrar en su hogar cuando su amado hijo/a sale de la pubertad. Incluso las niñas y los niños que parecían ser excepcionalmente maduros y sensatos, a la edad de diez u once años de repente se vuelven caóticos y difíciles, y parece casi imposible que tomen decisiones sensatas.

Tan difícil como esta fase de la vida es para los padres, es aún más difícil para los adolescentes. Se miran en el espejo y ven a personas que se parecen prácticamente a los adultos. Sienten que saben todo y están preparados para enfrentarse al mundo, y se frustran tremendamente cuando se los confronta de alguna manera.

En gran medida, los adolescentes no pueden ser totalmente responsables de sus incipientes habilidades para tomar decisiones. Mientras están creciendo y madurando, y cada vez tienen más conocimientos, sus cerebros aún no han alcanzado su plena madurez, y la corteza prefrontal aún tiene un largo camino por recorrer. Ésta es el área del cerebro que incluye la atención, la capacidad de regular las emociones, la capacidad de planear, de usar la lógica y la razón, y la capacidad de manejar sus impulsos. Debido a que esta parte del cerebro aún no está completamente formada (y no lo estará hasta que tengan dieciocho o veinte años), a menudo toman decisiones sin pensar en las consecuencias o basan su toma de decisiones en factores puramente emocionales.

Debido a que los adolescentes tienen dificultades para pensar en las consecuencias de sus decisiones, los padres tienen que intervenir. Esto rara vez es fácil, ya que frustrar los deseos de un adolescente que está desesperado por salir e impresionar a sus amigos, es probable que resulte como poco en un conflicto familiar.

Sin lugar a dudas, este es un período difícil para los adolescentes y sus padres. Para los padres, puede ser útil pensar que sus hijos adolescentes son como niños pequeños a los que hay que proteger. Cuando los niños son pequeños, no pueden controlar sus emociones y, a menudo, no comprenden qué es peligroso y qué es seguro. Por esa razón, mientras los alentamos a practicar sus nuevas habilidades para caminar, hacemos que nuestros hogares sean más seguros retirando todo lo que sea peligroso para ellos, del mismo modo, tenemos que tomar medidas para garantizar que nuestros adolescentes estén seguros. Si bien tenemos que otorgarles mayores niveles de libertad para que puedan aprender a manejar sus vidas en el mundo adulto, también podemos tomar medidas para limitar su acceso a cosas como el alcohol, las drogas o situaciones de riesgo.

Por encima de todo, debemos mantener abiertos los canales de la comunicación para que podamos escucharlos cuando acuden a nosotros en busca de orientación, y para que (con suerte) puedan beneficiarse de la sabiduría y la experiencia que hemos adquirido en nuestra propia vida. También es importante proporcionarles oportunidades de aprendizaje y educación para que puedan adquirir las habilidades que necesitan para mantenerse seguros, ya sea en el contexto de su vida social, sus primeras experiencias sexuales o su experiencia en los sectores de la educación o el trabajo.

 

La mayor influencia en la mayoría de los adolescentes no son sus padres sino su grupo de amigos. No podemos determinar con quién entablará amistad nuestro hijo/a adolescente, pero podemos hacer el esfuerzo para conocer a sus amigos, abrir canales de comunicación con los padres de sus amigos y hacerles saber que si alguna vez se encuentran en una situación de peligro o que no saben resolver, pueden llamarnos y les ayudaremos a salir.

Si bien los años de la adolescencia a menudo son muy difíciles, casi todos los adolescentes emergen del otro lado como adultos bien ajustados, ¡y la mayoría de los padres escapan solo con alguna cana más que antes!

 

¿Con quién puedo consultar sobre la etapa de la adolescencia?

En muchos casos, se nos hace difícil esta etapa por diversas circunstancias, ya sea por problemas personales de los padres, por la personalidad que tiene nuestro hijo/a o circunstancias concretas de éste que interfieran en su día a día. Por ello, si tienes dudas, lo mejor es consultar con un profesional en esta área como son los psicólogos, que evaluará el caso en todas sus vertientes. Pide cita y te orientaré de forma individual en tu caso.

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