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Aquí os dejo 9 razones por las que las personas se resisten a ir al psicólogo.

Es común sentirse inseguro acerca de comenzar una terapia. La gente a menudo se preocupa por cómo será el proceso, generando diversas ideas, de las cuales, algunas están relacionadas con mitos sociales. Los siguientes puntos sirven para aclarar algunas de las ideas sobre la terapia que a menudo impiden que una persona busque ayuda.

 

  1. Mis problemas no son realmente tan malos.

A menudo, las personas sienten que la terapia solo debe reservarse como último recurso o para personas con problemas graves. Ciertamente, ésta es una opción, pero otra idea sería que buscar apoyo cuando me empiezo a sentir mal, permite a una persona sentirse mejor antes y progresar más rápidamente. En resumen: ¿por qué esperar hasta que las cosas se pongan realmente mal cuando podemos solucionarlas mucho antes y sufrir menos?

 

  1. Debería poder resolver mis problemas por mi cuenta.

Al igual que buscarías una consulta médica para un problema físico, un terapeuta brinda ayuda especializada para ayudarte a comprender y abordar las dificultades relacionadas con tu vida. Resolver problemas en terapia, a menudo se convierte en una habilidad que puedes incorporar en tu día a día, lo que te llevará a tener una mayor confianza y seguridad en tí mismo.

 

  1. Si comienzo la terapia, ¿durará para siempre?

¡No! La frecuencia y la duración de la terapia se establece entre el terapeuta y el paciente y, en última instancia, la decide el paciente. Las personas se benefician de una amplia gama de duraciones de tratamiento; desde consultas a muy corto plazo hasta terapia a largo plazo, con una frecuencia de las visitas semanal, quincenal o mensual, según la persona, sus objetivos y necesidades, y momento en el que se esté en terapia (no es lo mismo la fase inicial que es cuando peor estamos, que la fase de seguimiento donde se revisan pequeñas dificultades).

 

  1. Tendré que revelar todos mis pensamientos privados a mi terapeuta.

Uno de los aspectos útiles de la terapia es que tú, como paciente, decides qué y cuánto compartir. Al igual que estableces la frecuencia y la duración del tratamiento, finalmente estableces el ritmo de la terapia, y tu terapeuta está ahí para ayudarte en el proceso de una manera que te resulte cómoda. Este esfuerzo de colaboración crea una relación terapéutica de confianza y un resultado de tratamiento exitoso.

 

  1. Me sentiré juzgado.

Las personas a menudo se sienten vulnerables cuando hablan de sus sentimientos. Se preocupan por lo que el terapeuta pensará o sentirá sobre lo que se comparte. Sin embargo, tu terapeuta no está allí para juzgarte, sino para escuchar y ofrecer una perspectiva única. Si estás preocupado por sentirte juzgado, sería importante hablar sobre esto con tu terapeuta, para que tus sentimientos puedan entenderse y no interfieran con la obtención de la ayuda que mereces.

 

6. Me preocupa que mi terapeuta se convierta en una “muleta”.

Seamos claros. El objetivo de la terapia NO es fomentar una relación de dependencia entre el paciente y el terapeuta. De hecho, la relación terapéutica pretende ser colaborativa. A lo largo del tiempo, las personas encuentran en la terapia formas de entender y sentirse mejor, y se convierten en herramientas que pueden utilizar independientemente del terapeuta. Cuando termina la terapia, una persona necesita sentirse segura de que tiene la capacidad de ser un participante más activo en su propia vida emocional. Esto incluye confiar en su capacidad para manejar los sentimientos, resolver problemas y tomar decisiones.

 

7. Si hablo de algo, estaré obligado a hacer ciertos cambios.

Ese no es el caso. Hay una diferencia entre pensamientos y acciones. Por ejemplo, puedes iniciar una terapia para abordar las dificultades en una relación. A medida que comienzas a compartir tus sentimientos sobre la relación, puedes sentirte preocupado de que, si te “pones en contacto” con sentimientos negativos, te verás obligado a terminar la relación. En realidad, al hablar con un terapeuta también puedes descubrir una nueva perspectiva y / o opciones adicionales que no eran evidentes previamente y no supone hacer cambios.

8. Me preocupa lo que pueda aprender sobre mí mismo.

Uno de los beneficios de la terapia es una mayor satisfacción en nuestra vida profesional y personal. De hecho, a menudo es lo que no entendemos completamente acerca de nosotros mismos lo que más interfiere con la felicidad y el éxito. La autoconciencia permite a las personas tener más control sobre sus propias vidas. Por esta razón, es importante que tu terapeuta sepa que estás preocupado por lo que aprenderás sobre ti mismo, para que juntos podáis trabajar a un ritmo que te resulte más cómodo. En última instancia, el enfoque de la terapia depende de ti.

 

9. Si me siento confundido acerca de comenzar la terapia, ¿podría significar que no es para mí?

Es común tener sentimientos encontrados sobre el inicio de la terapia. Nuestros instintos nos llevan a evitar pensamientos y sentimientos incómodos. Las dudas sobre el inicio de la terapia pueden indicar la presencia de algo muy importante que debemos comprender acerca de nosotros mismos. Por esa razón, se recomienda tomarse su tiempo para explorar estas preocupaciones. Esto permite que la energía emocional se dirija hacia obtener un mayor beneficio de la terapia, en lugar de alejar las emociones difíciles.

 

Si al final te decides a iniciar una terapia, aquí te dejo los beneficios generales:

– Mayor confianza en ti mismo.

-Mejora del estado de ánimo.

-Reducción de la ansiedad y depresión.

-Toma de decisiones más efectiva.

-Mejora de las relaciones.

-Mayor satisfacción laboral.

 

Si tienes alguna duda respecto al funcionamiento de la terapia o te surge algún miedo que aquí no describo, no dudes en ponerte en contacto conmigo y lo solventaremos para poder ayudarte lo antes posible. Anímate y prueba!!

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