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La ansiedad es una emoción adaptativa, como la tristeza, el miedo o la alegría, nos ayuda a adaptarnos al entorno para poder afrontar nuestro día a día. Por ello, la ansiedad adaptativa es necesaria para poder manejar las exigencias diarias y eventos estresantes puntuales, como una entrevista de trabajo o un examen.

El mensaje que nos manda la ansiedad es una advertencia sobre un peligro o una posible amenaza, para nuestra integridad física, psicológica o emocional. Con ella, lo que conseguimos es adoptar estrategias necesarias para enfrentarnos a ello, bien con una respuesta de huida o de defensa.

Sin embargo, hay momentos en la vida, en los que la ansiedad se puede convertir en patológica, y produce un malestar que deteriora nuestra vida cotidiana, presentándose síntomas físicos o cognitivos que dificultan las diferentes áreas que conforman a la persona. Estos se pueden producir por un nivel excesivo de ansiedad ante la posible amenaza, o por una respuesta de ansiedad incongruente, que aparece ante estímulos que no son realmente peligrosos, pero que la persona interpreta como amenazantes.

Los estímulos que pueden producir la ansiedad patológica pueden estar en el presente de la persona, pero también en el pasado, habiendo generado una serie de creencias o miedos que se han instaurado a un nivel profundo y que afloran en el momento actual.

 

Estructura de la ansiedad

La ansiedad patológica la puede sufrir cualquier persona a lo largo de su vida, y lo importante para poder tratarla es identificar como se presenta en cada persona de manera individual, teniendo en cuenta en qué lugar de su estructura interna se presenta y la función que tiene.

 

  1. Estructura externa

Lo primero que debemos evaluar son los síntomas que presenta la persona, tanto a nivel conductual (fumar más, comer de forma impulsiva, etc.), fisiológico (taquicardias, presión en el pecho, etc.) y cognitivo (pensamientos rápidos, la cabeza no deja de pensar, etc.). También hay que valorar las situaciones y estímulos desencadenantes del malestar. En el momento que tenemos definido el contexto en el que aparece la ansiedad podremos ofrecer estrategias a la persona para abordar los síntomas de ansiedad y afrontar sus dificultades.

 

  1. Estructura cognitiva

El siguiente paso en el que debemos intervenir es en la parte cognitiva de la persona, es decir, la forma en la que piensa y ver si sesga de alguna forma la realidad, ya que este tipo de pensamientos suelen mantener la ansiedad en el tiempo.

 

  1. Estructura personal

Otra variable importante en el tratamiento de la ansiedad es la personalidad de cada persona, pues el perfil de cada uno afecta de distinta forma, por eso es tan importante adecuar cada estrategia de tratamiento a la persona de manera individual.

 

  1. Estructura inconsciente

Por último, con todo el trabajo que se ha realizado previamente, llegaremos a creencias bloqueadas y situaciones sin procesar, deshaciendo conflictos en las distintas partes de la personalidad, logrando así resolver el problema desde la raíz.

 

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