DUELO

El dolor a menudo se asocia con la pérdida de un ser querido, pero en realidad es la reacción emocional ante cualquier pérdida importante. La pérdida de empleo, la muerte de un ser querido o el divorcio pueden desencadenar el dolor. Si bien el duelo es un proceso necesario para elaborar la perdida, a veces puede convertirse en estados mentales y emocionales poco saludables.

El duelo y la pena abarcan una gama de sentimientos que van desde la tristeza profunda hasta la ira. El proceso de adaptación a una pérdida significativa puede variar dramáticamente de una persona a otra. A menudo depende de los antecedentes, creencias y relación de la persona con lo que se perdió.

Pensamientos y conductas en el duelo

Las emociones que se experimentan en el duelo no se limitan a los sentimientos de tristeza, sino que también puede implicar culpa, anhelo, ira, arrepentimiento, alivio, etc. Estas emociones a menudo son intensas y confusas. Una persona puede llorar de tristeza a un ser querido que murió de una enfermedad y, sin embargo, sentirse aliviado de que la persona ya no esté sufriendo, generando confusión y otras emociones subyacentes en la persona por desconocer el proceso.

Las personas en duelo pueden oscilar entre diferentes pensamientos a medida que dan sentido a su pérdida. Los pensamientos pueden variar desde calmantes («Ella tuvo una buena vida») hasta preocupantes («No era su momento»). Las personas pueden asignarse diferentes niveles de responsabilidad, desde «No había nada que pudiera haber hecho» a «Todo es mi culpa».

Los comportamientos de duelo también tienen un amplio rango. Algunas personas encuentran consuelo en compartir sus sentimientos con los demás, y otras pueden preferir estar solas con sus sentimientos, participando en actividades silenciosas como hacer ejercicio o escribir.

Las personas que enfrentan situaciones de pérdida reaccionan de manera muy personal, pero los expertos coinciden en que hay etapas generales en la mayoría de los procesos de duelo. Una ruptura del proceso de duelo indica que las personas se sienten aisladas porque bloquean lo que está sucediendo; la negación es una forma de protegerse de sentir la pérdida. A continuación, la persona afligida puede sentir ira y rabia ante situaciones perturbadoras y se pregunta por qué le están sucediendo. La ira a menudo da paso a los pensamientos de «¿Qué pasaría si…?» Las personas que sufren una aflicción pueden pasar horas, días e incluso semanas tratando de dar sentido lógico a sus situaciones o regateando con un poder superior para hacer las cosas diferentes.

Una vez que te das cuenta de que la situación está ocurriendo y no va a cambiar, puedes experimentar un período de depresión o dolor intenso. Finalmente, el dolor pasa a la etapa de aceptación. Es en esta etapa en la que empieza a enfrentar el dolor, sanar y seguir adelante.

Un duelo se complica cuando alguien está atrapado en alguna de las etapas. Una persona puede permanecer enfadada, ser incapaz de superar la negación o quedarse atrapada en una depresión que empeora el cuadro. Es en este momento cuando se considera el duelo como patológico y requiere la intervención de un profesional.

Mitos y realidades sobre el dolor y el duelo.

Alrededor del duelo hay múltiples mitos de cómo se debería sentir la persona que acaba de sufrir una pérdida, dificultando aún más el proceso de elaboración del mismo. A continuación os enumero los más frecuentes con su refutación.

Mito: El dolor desaparecerá más rápido si lo ignoras.

Hecho: Tratar de ignorar el dolor o evitar que salga a la superficie solo lo empeorará a largo plazo. Para una verdadera elaboración del duelo, es necesario enfrentar el dolor y tratarlo activamente.

 

Mito: Es importante «ser fuerte» ante la pérdida.

Hecho: Sentirse triste, asustado o solo es una reacción normal a la pérdida. Llorar no significa que seas débil. No necesitas «proteger» a tu familia o amigos poniendo un frente valiente. Mostrar tus verdaderos sentimientos puede ayudarte a ti y a ellos.

 

Mito: Si no lloras, significa que no lamentas la pérdida.

Hecho: Llorar es una respuesta normal a la tristeza, pero no es la única. Aquellos que no lloran pueden sentir el dolor tan profundamente como los demás. Simplemente pueden tener otras formas de mostrarlo.

 

Mito: El duelo debe durar alrededor de un año.

Hecho: No hay un marco de tiempo específico para el duelo, depende de la persona y de sus circunstancias presentes y pasadas.

 

Mito: Seguir con tu vida significa olvidarte de tu pérdida.

Hecho: Seguir adelante significa que has aceptado la pérdida, pero eso no es lo mismo que olvidar. Puedes seguir adelante con tu vida y conservar el recuerdo de alguien o algo que perdiste como parte importante de ti. De hecho, a medida que avanzamos por la vida, estos recuerdos pueden volverse cada vez más integrales para definir a las personas que somos.

 

Duelo complicado

La experiencia del duelo es algo difícil de superar por completo, sin embargo, el tiempo y la buena elaboración del mismo atenúa su intensidad. Sin embargo, aproximadamente el 15% de las personas que han perdido a un ser querido experimentarán un «dolor complicado». Este término se refiere a una forma persistente de duelo, que dura aproximadamente un año o más.

Nuevamente, el tiempo que tarda una persona en elaborar el duelo es muy variable y depende del contexto. Pero cuando los síntomas persisten sin mejoría durante un período prolongado, pueden calificarse de duelo complicado. A menudo este estado emocional domina la vida de la persona, interfiriendo con su funcionamiento diario.

 

Los síntomas prolongados pueden incluir:

  • Intensa tristeza y dolor emocional.
  • Sentimientos de vacío y desesperanza.
  • Anhelo de reencontrarse con el fallecido.
  • Preocupación por el difunto o por las circunstancias de la muerte.
  • Dificultad para participar en recuerdos felices de la persona perdida.
  • Evitar los recuerdos del fallecido.
  • Un sentido de identidad reducido.
  • El desapego y el aislamiento de los amigos y familiares sobrevivientes.
  • Falta de deseo de perseguir intereses o planes personales.

 

Cómo cuidarse ante el duelo

Cuando estás de duelo, es más importante que nunca cuidarte. El estrés de una pérdida importante puede agotar rápidamente tus reservas energéticas y emocionales. Cuidar tus necesidades físicas y emocionales te ayudará a superar este momento difícil.

Enfrenta tus sentimientos.

Puedes intentar suprimir tu dolor, pero no puedes evitarlo para siempre. Para sanar, hay que reconocer el dolor. Tratar de evitar sentimientos de tristeza y pérdida solo prolonga el proceso de duelo. La pena no resuelta también puede llevar a complicaciones como depresión, ansiedad, abuso de sustancias y problemas de salud.

Expresa tus sentimientos de manera tangible o creativa.

Escribe sobre tu pérdida en un diario. Si has perdido a un ser querido, escribe una carta que diga lo que nunca pudiste decir; puedes hacer un álbum de recortes o de fotos que celebre la vida de la persona; o involucrarte en una causa u organización que fuese importante para tu ser querido.

Intenta mantener tus aficiones e intereses.

Hay consuelo en la rutina y volver a las actividades que te brindan alegría y te conectan más cerca de los demás, puede ayudarte a aceptar la pérdida y ayudar con el proceso de duelo.

No permitir que nadie te diga cómo sentirte y tampoco te digas a ti mismo cómo sentirte.

Tu pena es tuya, y nadie más puede decirte cuándo es el momento de «seguir adelante» o «superarlo». Permítete sentir lo que sientas sin vergüenza ni juicio. Está bien estar enfadado, gritar a los cielos, llorar o no llorar. También está bien reír, encontrar momentos de alegría e ilusión.

Planea con anticipación los “factores desencadenantes” de la tristeza.

Los aniversarios, las vacaciones y los hitos importantes pueden despertar los recuerdos y sentimientos. Prepárate para un golpe emocional, y entiende que es completamente normal. Si estás compartiendo un evento del ciclo de vida con otros familiares o amigos, habla con ellos con anticipación sobre tus expectativas.

 

El proceso de duelo a menudo involucra muchas emociones difíciles y complicadas. Sin embargo, la alegría, la satisfacción y el humor no tienen que estar ausentes durante este tiempo difícil. El autocuidado, la recreación y el apoyo social pueden ser vitales para la recuperación. Sentir la felicidad ocasional no significa que una persona haya terminado su duelo.

El duelo por la pérdida de un ser querido puede ser un proceso difícil, se deba a la muerte, una ruptura u otra circunstancia. Uno de los desafíos más difíciles es adaptarse a la nueva realidad de vivir en ausencia del ser querido. El ajuste puede requerir que una persona desarrolle una nueva rutina diaria o que reconsidere sus planes para el futuro. Al crear una nueva vida, una persona puede adoptar un nuevo sentido de identidad.

La superación de un duelo complicado generalmente es difícil realizarlo con éxito sin ayuda de un profesional. El psicólogo actúa de guía para que el paciente vaya superando las distintas etapas del duelo, y poder así elaborarlo de la mejor manera.

 

 

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