Las emociones forman parte de nuestro día a día. Queramos o no, sentimos de diferente manera en nuestra rutina cotidiana. Si observamos algunos de los momentos que destacan en nuestra memoria, con alta probabilidad, una intensa emoción estuvo allí presente contigo, ya fuera tristeza, felicidad, ansiedad, miedo, culpa, orgullo, amor, arrepentimiento, sorpresa, enfado, complicidad, etc. 

Aunque no lo creamos, en muchas ocasiones por cómo nos hacen sentir (de mal…), las emociones tienen diversas funciones que nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno. Nos dan mensajes importantes y valiosos, por ejemplo, nos hacen sentir miedo en una situación de peligro. Nos avisan de lo que realmente es importante para nosotros, por ejemplo, las emociones que podemos sentir en una discusión con nuestra pareja, no son las mismas que cuando discutimos con un extraño. Y nos guían en nuestro camino de la actuación, por ejemplo, alejarnos de la comida en mal estado por el asco, o acercarnos a nuestra mascota para jugar por el cariño que sentimos. 

Pero la historia de las emociones es un poco más matizada y compleja, ya que no se trata simplemente de lo que sentimos en respuesta a lo que sucede a nuestro alrededor. Evaluamos incansablemente nuestro mundo interior y le damos juicios de valor. 

Dependiendo de las circunstancias en que nos encontremos y de los mensajes que hemos recibido en el camino sobre lo que se nos permite sentir, las emociones (o al menos ciertas) pueden etiquetarse como aceptables, saludables o razonables, o pueden llegar a ser etiquetadas como incorrectas, amenazantes o de persona sin control. 

Hay diferentes categorías de creencias de desaprobación cuando se trata de emociones dolorosas:

  • Las emociones son demasiado intensas y no se pueden manejar.
  • Las emociones son malas y / o ridículas.
  • Las emociones son erróneas y no tienen sentido.
  • Las emociones no sirven para nada.
  • Mis emociones podrían sabotearme a mí u otras personas.
  • Mis emociones pueden afectar a otras personas, y no puedo dejar que eso suceda. 

Lo problemático de esto es que si tenemos una perspectiva negativa de nuestras emociones, es más probable que tengamos otra emoción negativa por encima de la que ya estamos experimentando. 

Las emociones que tenemos sobre cómo nos sentimos se conocen como metaemociones. Por ejemplo, digamos que vemos la tristeza como un signo de debilidad personal e insuficiencia. Debido a este punto de vista, podemos sentir vergüenza o miedo en respuesta a nuestra tristeza. Y no son solo las emociones negativas  las que nos pueden generar malestar. Las personas también pueden sentirse nerviosas por las emociones agradables, por ejemplo, sentirse culpables cuando sienten una emoción positiva en un estado de duelo.

Nuestras ideas sobre nuestra vida emocional no solo impactan en cómo nos sentimos con respecto a nuestras emociones, sino también los pasos que tomamos para responder a ellas. Para ilustrar, quedémonos con nuestro ejemplo de tristeza. Lo consideramos como una señal de que somos débiles e insuficientes de alguna manera, y esta idea despierta una vergüenza intensa. La gran pregunta ahora: ¿Qué hacemos con todo esto? 

Teniendo en cuenta que tratamos la tristeza como intolerable, y nos sentimos avergonzados de ella, es relativamente poco probable que hablemos de ello con otra persona, que seamos amables con nosotros mismos o que nos sintamos tristes y veamos lo que pasa. 

No, en su lugar, probablemente estaremos más inclinados a reaccionar a la tristeza de otras maneras, como:

  • Castigándonos mentalmente por sentirlo.
  • Dando mil vueltas a la cabeza sobre por qué nos sentimos así y por qué no podemos superarlo y sentirnos felices como todos parecen sentirse.
  • Tratando de ocultarlo cuando estamos cerca de otras personas.
  • Consumir alcohol u otras sustancias y automedicarse.

La forma en que elegimos responder a nuestras emociones también tiene un impacto en cómo nos sentimos y en nuestra calidad de vida. Si nos criticamos a nosotros mismos todo el tiempo, esa voz áspera se hace más fuerte y continuaremos produciendo más vergüenza involuntariamente. Podríamos reflexionar sobre por qué nos sentimos como lo hacemos y preguntarnos por qué no podemos hacer que desaparezca, pero es más probable que este enfoque nos haga sentir aún peor.  De hecho, si tratamos de ocultar nuestra tristeza y enmascarar lo que se siente, tenemos la responsabilidad de asumir el costo de esta estrategia., experimentando más angustia, menos comodidad y relaciones más separadas. 

Además, las personas que ven las emociones negativas como malas también tienen menos probabilidades de ser empáticas consigo mismas. Y la idea de que las emociones dolorosas son peligrosas está relacionada con menores probabilidades de nombrar tales emociones para los hijos., un valioso paso en el desarrollo de habilidades emocionales. 

Entonces, si no nos sirve para tratar nuestras emociones como límites, ¿cuál es la alternativa? Tratar de aceptar las emociones angustiosas como una parte universal y natural de la vida, y, a la larga, tener una mejor salud emocional.

Pero, ¿por qué podría ser esto? ¿Por qué la aceptación de emociones que no queremos estaría relacionada con ellas disminuyendo en lugar de crecer? Los investigadores han propuesto varias explicaciones posibles:

  • Rumia: puede hacer que las personas se sientan peor, y las personas que aceptan emociones perturbadoras no tienden a reflexionar tanto sobre ellas.
  • Los esfuerzos para evitar lo que siente una persona pueden salir mal y tener un efecto boomerang, proporcionándoles más de lo que intentaron rechazar.
  • Las personas que aceptan sus emociones pueden librarse de una capa adicional de dolor emocional al no tener que sentirse molestos por sentirse molestos.  
  • Las emociones inquietantes que encontramos con aceptación tienen menos probabilidades de tener tanto poder de permanencia.

Cultivando la aceptación

La aceptación es una mentalidad, un enfoque de darnos permiso para experimentar nuestras emociones y tomar la perspectiva de que son humanos en lugar de tontos, débiles, locos, equivocados, peligrosos o más allá de nuestro poder para poder manejarlos. 

Se trata de desafiar esa voz interna crítica que dice que no podemos sentir lo que hacemos, o que la emoción nos dañará o será una insignia de nuestra culpa o vergüenza inherentes. La aceptación se trata de darnos el espacio para escucharnos a nosotros mismos sin juzgar el camino. Entonces, ¿cuáles son algunas formas posibles en que podemos comenzar a construir una mayor aceptación interna en nuestras vidas?

Este ejercicio fue adaptado de un estudio en metaemociones. Intenta anotar tus propias metaemociones al completar los espacios en blanco de las siguientes oraciones. Si otras emociones te parecen especialmente relevantes o significativas en tu propia vida, también puedes probar este ejercicio con ellas. No hay una respuesta correcta o incorrecta.

Me siento ________ por sentir enfado.

Me siento ________ por sentirme triste.

Me siento ________ por sentir miedo.

Me siento ________ por sentirme feliz.

Me siento ________ por sentir sorpresa.

Me siento ________ por sentir asco.

Me siento ________ por sentir alivio.

Me siento ________ por sentir culpa.

Me siento ________ por sentir arrepentimiento.

Me siento ________ por sentir vergüenza.

Me siento ________ por sentir ansiedad.

Me siento ________ por sentir amor.

Con este ejercicio puedes descubrir que tu reacción a algunas emociones es adaptativa, pero con otras tienes una reacción que te genera malestar, y es aquí donde puede empezar el problema.

  • Prueba a anotar qué creencias tienes sobre diversas emociones. ¿De dónde vienen tus ideas y hay otra perspectiva posible? Observa si puedes desafiar una creencia negativa sobre la emoción y verla de otra manera.
  • Toma una emoción que desapruebas o que has sido duro contigo mismo por haberla experimentado. Ahora imagina cómo te sentirías si supieras que está perfectamente bien experimentar esa emoción, aunque sea dolorosa. ¿Notas alguna diferencia? ¿Qué diferencia?
  • Elige una emoción que tiendes a criticarte por experimentar. ¿Estarías preparado para decirle a un ser querido lo mismo que te dices a ti mismo? ¿Si no, porque no?
  • Este ejercicio es para trabajar la autocompasión: imagina a un amigo cercano o familiar que se preocupa por ti y siente una inmensa compasión hacia ti. Imagínate a este amigo o familiar expresándote sus pensamientos y orientación sobre una emoción que tiende a juzgarse a sí mismo por experimentar. Intenta escribir lo que esta persona te diría.
  • Reflexiona sobre la siguiente cita de la novela  Una antorcha contra la noche, de Sabaa Tahir: “Tus emociones te hacen humano. Incluso las desagradables tienen un propósito. No los encierres. Si los ignoras, se vuelven más fuertes y más enojados”. ¿Cómo podría aplicarse esto a tu vida? ¿Para qué sirven tus emociones, incluso las que no quieres?

Espero que os sirva ;). Si te sientes indentificad@ y crees que te puedo ayudar, no dudes en ponerte en contacto conmigo.